De símbolo de lujo a alquiler veraniego: la historia del yate

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De símbolo de lujo a alquiler veraniego: la historia del yate
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Parece que, en los últimos años, alquilar y darnos un paseo en barco por nuestra playa favorita se ha vuelto una de las atracciones habituales de las vacaciones de verano. Pero, ¿de dónde provienen estas embarcaciones? ¿Cómo se popularizaron?

Como casi siempre, el uso recreativo de los objetos no es el primero al que responde su invención, y menos aún cuando hablamos de medios de transporte, como los barcos. Las naves o buques que hoy vemos en los puertos deportivos y que son diseñados y fabricados por la actual industria naval, nacieron como estructuras a remo destinadas a habilitar la pesca y cubrir rutas por vía acuática pero, ¿cómo llegamos desde ahí a los imponentes Mega-yates de lujo?


¿Qué define a un barco para ser un yate?


Si habitualmente las diferenciaciones entre modelos y tipos de barcos son sumamente específicas, con los yates nos encontramos en un espacio extremadamente ambiguo. Además de no tener un origen concreto o definido, no existe un tamaño o alguna parte de la embarcación que identifique que nos encontramos ante un yate.

Es por eso que se considera, como característica principal, que un yate es una embarcación de recreo, es decir, creada por y para el ocio, y no para su uso, por ejemplo, profesional (como hacen los pescaderos), de defensa o como medio de transporte de pasajeros. Lo que no implica que no puedan realizar algunas estas funciones, como ser una nave útil para los aficionados a la pesca deportiva.

Dentro de esta amplia clasificación podemos encontrar distintos tipos de yate, que distinguiremos en primera instancia en función de si navegan a vela o a motor. Dentro de cada una de estas opciones, encontramos infinidad de modelos, que van desde los 10 a los 60 metros de eslora, tamaño este último propio de los llamados “Mega Yates”.


La evolución de las embarcaciones de recreo


Antes del siglo XIX: novedades en el diseño naval


Antes incluso de que se pensara en los barcos como afición o elemento que podía tener un uso ocioso, el objetivo de los diseñadores navales era crear buques que pudieran sobrellevar cualquier inclemencia marina, tales como fuertes rachas de viento, oleajes de varios metros de altura o mayores pesos de mercancías, y que además fueran cada vez más rápidos.

Hasta mitad del siglo XIX, se pensaba que el diseño que mejor respondía a esta búsqueda de utilidad eran las proas anchas y popas estrechas, y no fue hasta que el ingeniero John Scott Russell pensó en invertir el diseño para aumentar la efectividad de las naves, que aparecieron los primeros barcos con proas afiladas y popas amplias, tal y como imaginamos cualquier yate hoy día.


Fin del XIX: los primeros catamaranes


La efectividad que había previsto este ingeniero se confirmó y, a finales del siglo XIX, aparecen algunos de los primeros diseños conocidos de catamarán, que si bien muchas veces aparece diferenciado del yate, posee actualmente muchos modelos de recreo. En cualquier caso, estos primeros catamaranes son aún muy primitivos, y no ofrecían demasiadas posibilidades para su uso recreativo. Tendrá que llegar el siglo XX para que, ya con toda la fuerza de las novedades de la industrialización y la cultura del ocio y el entretenimiento, los barcos de recreo vieran florecer su desarrollo y popularidad.


Siglo XX: popularización de las embarcaciones de recreo


A partir de la década de los 60, aparecen catamaranes multicascos, los cuales evolucionan, con el paso de los años, a los catamaranes de crucero con vela. Por su parte, también en este momento aparecen los primeros veleros de los que se empieza a dar un uso recreativo, y es que aquí aparece la realidad del origen de los yates o, más bien, de los barcos de recreo: realmente el uso recreativo de los barcos no es algo que se pueda situar en un momento concreto de la historia, ni se puede negar que un faraón utilizara sus naves de manera recreativa hace 10.000 años.

Pero lo que sí podemos situar es una clara referencia al modo de vida que permite normalizar este uso para las embarcaciones: el estado de bienestar. Es a raíz de esta forma de vida occidental que se instaura a partir de la segunda mitad del siglo XX, que el ser humano empieza a dar peso y a buscar distintas opciones para llenar su tiempo de ocio, y es aquí cuando el mercado de las embarcaciones de recreo empieza a crecer, como ya no ha dejado de hacer hasta el día de hoy.


El yate hoy: una atracción turística y vacacional


En un primer momento, el yate se populariza como un objeto de lujo, lo cual posee un sencillo e intuitivo motivo: su precio. El capital necesario para adquirir y mantener una embarcación de recreo provocó que, rápidamente, éstas se convirtieran en un signo de status social y de poder económico, volviéndose un símbolo de riqueza y prosperidad en quien lo poseía.

Gracias a esto, el mercado y diseño de yates se orientó a crear embarcaciones cada vez más lujosas y con más posibilidades de seguridad y tamaño, entre otras. De hecho, los yates más conocidos destacan por este tipo de peculiaridades. Así encontramos el Nabila, que contaba con una morgue entre sus estancias, o The Shark, yate adquirido por el diseñador Roberto Cavalli que cambia de color en función de la intensidad de la luz solar que incide sobre él.

Actualmente, las embarcaciones de recreo no han perdido esta característica, manteniéndose como un signo de éxito y siendo una pertenencia habitual entre famosos y personalidades públicas, y siendo una elección de veraneo habitual, por ejemplo, entre presidentes de EEUU como Kennedy, Nixon o Truman.

De hecho, la visibilidad que ostentan estas personalidades es en parte el motivo de su popularidad a la que ahora se ha abierto el mercado de alquiler. Así, multitud de compañías han hecho que navegar por unas horas o días a bordo de un yate durante nuestras vacaciones se vuelva una de las atracciones más populares de los últimos años, permitiendo que, quienes no poseen este tipo de embarcación de recreo, puedan disfrutar de relajarse en su cubierta durante unos días.