Qué son los depósitos bancarios y cómo ayudan en el ahorro
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Tener el dinero en el banco, en una cuenta corriente, no es sinónimo de ahorro. Aunque pueda parecer que sí, lo cierto es que esta es una visión errónea, habitual en personas que no tienen una gran cultura financiera.
La realidad es bien distinta: el dinero en el banco vale cada vez menos. Por eso, es importante valorar otras opciones de ahorro como los depósitos bancarios, que verdaderamente ayudan a luchar contra el gran enemigo de las economías domésticas: la inflación.
La inflación y los depósitos bancarios: la mejor forma de actualizar el ahorro
Para comprender estas afirmaciones tan rotundas sobre el ahorro, la inflación y los depósitos bancarios, es importante entender lo que ocurre con la economía a nivel global.
Para ello, nada más sencillo que un ejemplo cotidiano: el ticket de la compra. Cualquier persona puede sentirse identificada con una frase similar: “¿Cómo he gastado tanto si llevo el carro medio vacío?” o “Con ese mismo dinero, antes compraba el doble de comida”.
Esta es una realidad que tiene como causa la inflación: se trata de una subida generalizada de los precios que hace que la misma cantidad de dinero rinda mucho menos.
Ahora, conviene trasladar esa situación al ‘ahorro’ que muchas personas dicen tener en la cuenta corriente del banco. Si un individuo ha conseguido acumular 20 000 euros y los deja en esa cuenta, dentro de cinco años seguirá teniendo la misma cantidad.
Sin embargo, si hoy, en 2026, utiliza esos 20 000 euros para comprar algo, por ejemplo, un coche, es muy probable que al pasar ese lapso de tiempo señalado no sea una cantidad suficiente: el dinero vale menos.
¿Es una situación sin solución? Afortunadamente, no. Solo hay que buscar el modo de hacer crecer ese dinero acumulado, al menos, a la misma velocidad que la inflación.
Es ahí donde entran en juego productos financieros como los depósitos bancarios, considerado, por muchos, la mejor manera de actualizar el ahorro e incluso superar los datos inflacionarios.
Qué es y cómo funciona un depósito bancario
Un depósito bancario es una herramienta financiera de bajo riesgo que hace que el ahorro se incremente. Básicamente, consiste en que el usuario cede temporalmente su dinero al banco a cambio de una rentabilidad fija establecida por contrato.
Durante el tiempo comprometido, el banco utiliza ese dinero del cliente para realizar inversiones en renta variable o en productos como letras del tesoro, etc. Cuando pasa el lapso de tiempo acordado, se devuelve la cantidad íntegra más el porcentaje de rentabilidad.
El depósito bancario está considerado como una herramienta para luchar, en medida de lo posible, contra la inflación. Dependiendo de la aversión al riesgo del cliente, existen diferentes fórmulas que pueden resultar más o menos rentables, así como proteger totalmente el ahorro o exponerlo a la posibilidad de pérdida.
En general, se suele hablar de dos tipos de depósitos bancarios principales:
- Depósito a plazo fijo: es lo que más se acerca al modelo explicado. El dinero se asocia a una rentabilidad garantizada.
- Depósito combinado: a los objetivos de ahorro se suman los de inversión, es decir, el interés por generar todavía más rentabilidad. El dinero se divide en un plazo fijo y en un fondo de inversión. De esta manera, se asegura una rentabilidad mínima y la posibilidad de un extra.
Otras características de los depósitos bancarios
Como se ha señalado, el depósito bancario exige la firma de un contrato y, por tanto, la asunción de ciertos compromisos.
Lo más destacado en ese sentido es que el dinero deja de estar líquido y a plena disposición del cliente: al ser invertido, el usuario no puede pagar con él, asociar el dinero a domiciliaciones o similar.
En general, el objetivo de los ciudadanos que recurren a depósitos bancarios debería ser el de mantener el dinero en el banco hasta el vencimiento del plazo. Por supuesto, las entidades bancarias ofrecen distintas condiciones de rescate del dinero por si el usuario lo necesitara en algún momento.
En ese sentido, cada producto y cada banco tendrá unas condiciones: desde la posibilidad de recuperar el dinero antes de la fecha en cualquier momento sin perder lo aportado hasta disponer de ventanas de rescate fijadas en el trimestral, semestral o anualmente.
Los fondos y otros productos de inversión
Un paso más allá en la cultura financiera es el de manejar fondos y otros productos de inversión. En estos escenarios, el objetivo ya no es solo equiparar el ahorro a la inflación, sino ganar más, convertir las cantidades depositadas en una forma de fabricar más patrimonio.
Para ello, una de las formas menos complejas es la de los fondos. En esencia, se trata de unir el dinero del cliente con el de otros usuarios y ponerlo en manos de especialistas financieros.
Estos profesionales van a invertirlo en acciones, bonos, inmuebles y otro tipo de productos capaces de generar una rentabilidad alta en el medio o el largo plazo.
Si las inversiones van bien, se puede obtener una cantidad de dinero importante, siempre en relación con la cantidad aportada. Obviamente, si la situación no es tan positiva, existe el riesgo de no ganar nada o, incluso, de perder parte de la aportación inicial.
Por ese motivo, los fondos son productos pensados para aquellos usuarios que tienen una menor aversión al riesgo y, sobre todo, que cuentan con un patrimonio suficiente como para diversificar.
La diversificación como forma de mejorar el patrimonio
Para los especialistas financieros, el escenario ideal para el mayor porcentaje de los usuarios es el de la diversificación.
Este concepto está relacionado con el hecho de dividir el patrimonio de ahorro total en distintos productos, con distintos niveles de riesgo y de rentabilidad.
De esta manera, siempre se contaría con fondos bancarios, seguros, para una parte importante de los ahorros. El resto se podría dedicar a la renta variable a través de fondos gestionados por el banco, de manera que siempre haya una oportunidad mayor de crecimiento.
Todos estos métodos, combinados, persiguen un único objetivo: que la persona no sienta que el esfuerzo que ha hecho para ahorrar no ha merecido la pena.
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